El Long Island Rail Road (LIRR) de Nueva York se prepara para una huelga a partir del sábado 16 de mayo, luego de que las negociaciones con la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA) concluyeran el viernes sin un nuevo contrato, informaron responsables sindicales. El paro afectará al sistema de cercanías más concurrido de Norteamérica y amenaza con alterar los planes de decenas de miles de personas que dependen del servicio para llegar a Manhattan.

Según los sindicatos, el paro comienza oficialmente a las 00:01 del sábado. En conjunto, cinco sindicatos —que representan a cerca de la mitad de los aproximadamente 7.000 empleados del LIRR, incluyendo maquinistas, mecánicos y señalistas— anunciaron el paro después de que las conversaciones terminaran sin acuerdo. Kevin Sexton, vicepresidente nacional de la Hermandad de Ingenieros de Locomotoras y Maquinistas, dijo que “no se han programado nuevas negociaciones” y agregó: “Estamos muy lejos en este momento”. También expresó: “De verdad lamentamos estar en esta situación”.

El presidente de la MTA, Janno Lieber, sostuvo que la agencia “le dio al sindicato todo lo que dijeron que querían en términos salariales” y señaló que, a su juicio, era evidente que los sindicatos “siempre tuvieron la intención de ir a la huelga”. Hochul, por su parte, culpó a los dirigentes sindicales y afirmó: “Los viajeros están lidiando con una disfunción innecesaria y miles de trabajadores sindicalizados del LIRR están siendo obligados a quedarse sin sueldo debido a decisiones tomadas por un pequeño grupo de líderes sindicales”.

La huelga obligará a alrededor de 250.000 usuarios durante los días laborables a buscar alternativas para entrar a la ciudad de Nueva York desde los suburbios de Long Island o a trabajar desde casa. Para quienes no puedan cambiar la rutina, el cambio de transporte puede traducirse en más vehículos en autopistas congestionadas y en desplazamientos más largos. Rob Udle, un electricista que usa el LIRR al menos cinco días por semana para ir a Manhattan, describió el impacto así: “Va a ser una pesadilla tratar de entrar”.

El conflicto también puede dificultar la asistencia a eventos deportivos en Manhattan. De acuerdo con el relato de la nota, la huelga complicará incluso que algunos aficionados lleguen para ver partidos de los New York Knicks en los playoffs de la NBA o el derbi entre los Yanquis y los Mets de Nueva York en la MLB este fin de semana.

Mientras los viajeros se preparan para la disrupción, Hochul instó a usar el trabajo remoto durante el paro. Al mismo tiempo, la MTA informó que planea ofrecer autobuses gratuitos durante las horas punta en los días laborables, orientados a trabajadores esenciales, en un intento por mitigar el efecto del cierre del servicio ferroviario.

La disputa de fondo se centra en salarios y en el ritmo del aumento. El sindicato ha exigido un aumento total del 16% en cuatro años, argumentando que es necesario para ayudar a los trabajadores a mantenerse al día con la inflación y el costo de vida. La MTA respondió que esas exigencias iniciales provocarían un aumento de tarifas y, según lo descrito en la nota, aceptó un incremento salarial de al menos 9,5% en los próximos tres años, además de un incremento en el cuarto año que en la práctica equivaldría a 4,5%.

Durante una conferencia de prensa el miércoles, Gary Dellaverson, principal negociador de la MTA, dijo: “La diferencia entre esas dos posturas no es insalvable”. Luego agregó que la clave era si el desenlace terminaba en costos y disrupción para los usuarios. Desde el lado sindical, Nick Peluso, vicepresidente nacional del Sindicato de Comunicaciones del Transporte, afirmó en un comunicado: “La pregunta clave es: ¿La MTA y la gobernadora Hochul crearán frustración y embotellamientos para los viajeros, gastarán millones en autobuses durante una huelga y perderán millones en ingresos por lo que equivale aproximadamente a una diferencia de un uno por ciento en los salarios?”

A medida que se acerca el inicio del paro, algunos usuarios ya planean alternativas concretas. Susanne Alberto, entrenadora personal de Long Island, señaló que ya organizó sesiones virtuales con sus clientes de Manhattan en caso de que el servicio se cierre y dijo: “La MTA va a ceder, y ellos lo saben”, añadiendo: “¿Por qué no lo hacen ya en lugar de esperar hasta que prácticamente millones de personas se vean perjudicadas?”. Udle, el electricista, indicó que probablemente usará sus días de vacaciones antes que enfrentar la “pesadilla” de desplazarse si se suspende el servicio.

En el relato de antecedentes, la nota recuerda que en septiembre se evitó temporalmente una huelga cuando el gobierno del presidente Donald Trump accedió a ayudar con las negociaciones, pero esos esfuerzos terminaron sin acuerdo. Tras esa ruptura, ambas partes dispusieron de 60 días que finalizan a las 00:01 del sábado para intentar resolver sus diferencias antes de que el sindicato pudiera declararse legalmente en huelga o de que la agencia pudiera impedir el acceso de los trabajadores a sus puestos. El texto también señala que la última huelga del personal del LIRR fue en 1994 y duró alrededor de dos días, y que los trabajadores que conectan Manhattan con Nueva Jersey, New Jersey Transit, fueron a la huelga durante tres días el año pasado.

En las próximas horas, la decisión de ambas partes definirá cómo funcionará el transporte en la región: sindicatos y MTA esperan que su estrategia pese en la negociación, mientras los viajeros tratan de reducir el impacto de un sistema que, según la descripción de los reportes, es el más usado de cercanías del país.