En la última fase del estudio de un ancestro humano antiguo, el análisis de dientes fosilizados está aportando pistas sobre cómo se conectaron los linajes que vivieron hace cientos de miles de años. En lugar de buscar únicamente ADN —que en este tipo de fósiles suele conservarse mal— el equipo se centró en proteínas recuperadas del esmalte dental de Homo erectus. Con esa estrategia, los científicos dicen que encontraron señales genéticas en dientes de unos 400.000 años de antigüedad que ayudan a reconstruir posibles encuentros entre parientes humanos extintos.
Los resultados se apoyan en dientes de Homo erectus pertenecientes a cinco hombres y una mujer, recuperados en varios lugares de China. El trabajo parte de una dificultad ya conocida: los genes y las proteínas de los humanos tempranos no siempre se conservan bien con el paso del tiempo, lo que complica describir la composición interna de estos grupos. Según la investigación descrita por The Associated Press, el análisis de esmalte permitió identificar mutaciones en una proteína presente en el tejido dental, ofreciendo una ventana inusual para estudiar relaciones entre poblaciones antiguas.
En esos dientes, de acuerdo con el reporte, los investigadores identificaron dos mutaciones clave. Una de ellas no se había observado antes y podría actuar como una característica distintiva de los miembros de Homo erectus del este de Asia. La otra mutación, en cambio, encajó con una variante que también aparece en una pequeña fracción de humanos modernos y en denisovanos, que son unos primos extintos de los humanos.
Esa coincidencia llevó a los autores a plantear un escenario de cruce entre linajes: sugieren que Homo erectus podría haberse apareado con denisovanos y haberles transmitido genes en el pasado. En el relato del estudio, la etapa exacta del intercambio no se detalla como un hecho definitivo, y los investigadores creen que el proceso pudo ocurrir después, cuando los antepasados humanos modernos se mezclaron con denisovanos.
Ryan McRae, del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian y quien no participó en la investigación, expresó que “Esto nos permite rastrear quiénes somos ahora hasta nuestros antepasados de una manera realmente fascinante y emocionante, utilizando nuevos métodos”. Al mismo tiempo, subrayó que la imagen completa aún es confusa: señaló que, aunque el hallazgo apunta a un intercambio genético, podría suceder que Homo erectus sea en realidad “sólo un ancestro de los denisovanos”, y que con el tiempo esos genes fueran heredados por ellos.
McRae calificó la situación como un rompecabezas difícil de resolver con los datos disponibles. Fu explicó que, para avanzar, los investigadores necesitan ampliar el material genético: sostuvo que “Realmente necesitamos obtener más ADN” y también fragmentos de Homo erectus para determinar de forma más exacta “cómo este predecesor ‘se relaciona exactamente con otros humanos’”. En conjunto, los autores y los investigadores citados por AP coinciden en que encontrar más fósiles y analizar la evidencia limitada —incluido el ADN cuando sea posible— será clave para consolidar el relato sobre la evolución humana.