Donald Trump llegó el miércoles a Beijing para conversaciones con el presidente chino Xi Jinping que buscan abordar una agenda que cruza seguridad regional, comercio y un asunto sensible: las ventas de armas de Estados Unidos a Taiwán. El encuentro central, de acuerdo con la planificación descrita, ocurrirá el jueves con conversaciones bilaterales y un banquete formal, mientras las autoridades chinas ofrecieron a Trump una bienvenida ceremonial tras el aterrizaje de Air Force One en la capital.
Según la Casa Blanca, Trump sería recibido por el vicepresidente chino Han Zheng; Xie Feng, embajador de China en Washington; Ma Zhaoxu, viceministro ejecutivo de Exteriores; y el enviado estadounidense en Beijing, David Perdue. La ceremonia de bienvenida, de acuerdo con ese recuento, incluirá a unos 300 jóvenes chinos, una guardia de honor militar y una banda militar, en una puesta en escena que marcó el tono de la visita desde su llegada.
En declaraciones a periodistas antes de salir de Washington, Trump se presentó como una figura que busca mostrar fortaleza. “Somos las dos superpotencias”, dijo, y agregó que Estados Unidos sería “la nación más fuerte del planeta en términos militares”, mientras China sería “la segunda”, según el reporte de AP. En ese marco, la visita también se produce en un momento delicado para la presidencia de Trump, marcada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y por un repunte de la inflación atribuido a ese conflicto.
La Casa Blanca y el propio enfoque del viaje sitúan el comercio como un eje central. El presidente republicano busca impulsar una victoria política mediante acuerdos con China para que compre más soja, carne de res y aeronaves estadounidenses. En esa línea, se espera que Trump hable con Xi sobre comercio “más que sobre cualquier otra cosa”, según lo que el propio mandatario indicó en sus conversaciones con periodistas.
Paralelamente, Trump anticipa que Irán seguirá dominando parte de la agenda interna estadounidense y el contexto internacional. La guerra, según el reporte, ha provocado el cierre de facto del estrecho de Ormuz, lo que deja varados a buques cisterna que transportan petróleo y gas natural y contribuye a que los precios de la energía se disparen. En el mismo cuadro, Trump dijo que Xi no necesitaba ayudar a resolver el conflicto, mientras que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, estuvo en Beijing la semana anterior.
Sobre si Irán sería o no parte de las discusiones, Trump sostuvo ante periodistas que “Tenemos muchas cosas que discutir. No diría que Irán sea una de ellas, para ser sincero, porque tenemos a Irán muy bajo control”. Esa posición contrasta con la presencia de la guerra como telón de fondo para la economía y la logística regional, incluida la ruta energética que atraviesa Ormuz, descrita como un factor de presión para el crecimiento mundial.
Taiwán aparece también como un tema de primer orden por la relación tensa entre Beijing y Washington en materia de armas y tecnología. China está descontenta con planes de Estados Unidos de vender armas a la isla autogobernada que el gobierno chino reclama como parte de su territorio. Trump dijo que hablaría con Xi sobre un paquete de armas de 11.000 millones de dólares para Taiwán que el gobierno de Estados Unidos autorizó en diciembre, pero que aún no ha comenzado a cumplir, y que sería el mayor aprobado hasta ahora para Taiwán.
En paralelo, el reporte añade que el propio enfoque de Trump sobre Taiwán ha generado dudas sobre si el presidente podría estar abierto a reducir el apoyo a la “democracia insular”. Al mismo tiempo, Taiwán —como principal fabricante de chips— se ha vuelto clave para el desarrollo de la inteligencia artificial, y el texto señala que Estados Unidos ha importado en lo que va de año más bienes desde Taiwán que desde China. También se indica que Trump ha intentado usar programas de la era Biden y acuerdos propios para aumentar la fabricación de chips en Estados Unidos.
Antes de la llegada de Trump, el medio del Partido Comunista Chino, el People’s Daily, publicó un editorial enérgico que subrayó que Taiwán es “la primera línea roja que no se puede cruzar en las relaciones China-Estados Unidos” y que es “el mayor punto de riesgo” entre ambos países. En ese contexto, Trump presentó la visita como un paso exitoso incluso antes de abandonar la Casa Blanca, al expresar su satisfacción por la relación futura con Xi y lamentar que un salón de baile en construcción en la Casa Blanca no estará terminado a tiempo para agasajar al líder chino.
Durante el viaje en Air Force One hacia Beijing, Trump viajó con un séquito de asesores, familiares y empresarios, incluidos Jensen Huang, de Nvidia, y Elon Musk, de Tesla y SpaceX. Mientras volaba, el presidente publicó en redes sociales que su “primera petición” a Xi sería pedir que refuerce la presencia de empresas estadounidenses en China. “Le pediré al presidente Xi, un líder de extraordinaria distinción, que ‘abra’ China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia y ayudar a llevar la República Popular a un nivel aún más alto”, escribió Trump, según recoge AP.
Pese a esa confianza pública, el reporte citó al experto Scott Kennedy, asesor sénior sobre negocios y economía chinos del Center for Strategic and International Studies en Washington, quien dijo que China entraba a la reunión desde “una posición mucho más fuerte”. Kennedy señaló que a China le gustaría reducir restricciones tecnológicas para acceder a chips informáticos y encontrar maneras de recortar aranceles, y añadió que, incluso si no lograran grandes avances en esos temas y si la reunión no escala hacia un choque mayor, “China básicamente sale más fuerte”, según el mismo reporte.
Además de la agenda bilateral, el viaje incluye consideraciones sobre posibles acuerdos de armas, en particular el tema de límites nucleares. Un alto funcionario del gobierno de Trump, que habló bajo condición de anonimato, dijo a periodistas antes del viaje que Trump planea plantear la idea de que Estados Unidos, China y Rusia firmen un pacto para establecer límites a las armas nucleares. El texto agrega que China se ha mostrado poco dispuesta a entrar en un acuerdo así, mientras que el reporte contextualiza el nivel de los arsenales: el arsenal de Beijing, según estimaciones del Pentágono, supera las más de 600 ojivas nucleares operativas, lejos de la paridad con Estados Unidos y Rusia, estimados con más de 5.000 ojivas cada uno.
El reporte también recordó que el último pacto de armas nucleares entre Rusia y Estados Unidos, conocido como New START, expiró en febrero, eliminando por primera vez en más de medio siglo cualquier límite para los dos mayores arsenales atómicos. Al considerar el futuro, AP señaló que el Pentágono estima que China tendrá más de 1.000 ojivas nucleares operativas para 2030.