El presidente Donald Trump intentó minimizar el peso de las diferencias con Xi Jinping por Irán en el tramo final previo a su salida hacia China, cuando el conflicto en Medio Oriente se perfila como un tema dominante en la agenda de la cumbre en Beijing. Según la nota de Associated Press, el mensaje de Trump llegó con la Casa Blanca enmarcando sus expectativas de forma moderada sobre la posibilidad de que el presidente estadounidense logre convencer a China de cambiar de postura respecto a Teherán.
Trump dijo a los periodistas que planea abordar el conflicto con Xi en una conversación larga, y además sostuvo que, en su evaluación, Irán no sería una prioridad en ese intercambio. “Vamos a tener una larga conversación al respecto. Creo que él ha sido relativamente bueno, para ser honesto”, declaró Trump sobre sus planes de hablar del conflicto con Xi. Minutos después, añadió: “Tenemos muchas cosas que discutir. No diría que Irán es una de ellas, para ser honesto, porque tenemos a Irán muy bajo control”.
Detrás de esa postura, la AP describe que Trump ha intentado sin éxito persuadir a Xi para que use la influencia de China para presionar a Irán a aceptar las condiciones de Estados Unidos para poner fin a la guerra o, al menos, reabrir el estrecho de Ormuz. El conflicto que rodea esa ruta marítima ha sido tratado en Washington como un factor ligado a los mercados petroleros mundiales, mientras la relación bilateral de Washington y Beijing busca evitar que Irán eclipse otros frentes.
La AP también señala que Trump ha oscilado entre criticar a China por no hacer más frente a Irán y reconocer que el gobierno de Xi ayudó a desescalar el conflicto el mes anterior. En ese periodo, China empujó a Teherán hacia conversaciones de alto el fuego cuando las negociaciones se tambalearon. Aun así, antes de la visita, la Casa Blanca fijó expectativas bajas sobre la capacidad de Trump para lograr un giro de China en el tema de Irán.
En paralelo, la presión estadounidense por Ormuz se ha intensificado con sanciones recientes. Antes de la llegada de Trump, el Departamento de Estado anunció el viernes que imponía sanciones a cuatro entidades, incluidas tres empresas con sede en China, por proporcionar imágenes satelitales sensibles que permiten ataques militares iraníes contra fuerzas de Estados Unidos en Medio Oriente. La AP añade que el Tesoro, por su parte, sancionó antes a refinerías chinas acusadas de comprar petróleo a Teherán y a transportistas de ese petróleo, medidas diseñadas para desconectar a las empresas del sistema financiero estadounidense y penalizar negocios con ellas.
Beijing rechazó esas acciones, calificándolas como “presión unilateral ilegal” y aprobó una ley —aprobada en 2021 y que, según la AP, no se había utilizado hasta ahora— que prohíbe a las entidades chinas reconocer o cumplir sanciones. En el trasfondo diplomático del viaje de Trump, la AP dice que el ministro chino de Exteriores Wang Yi recibió la semana anterior en Beijing a su homólogo iraní, Abbas Araghchi, y que Wang aprovechó el encuentro para defender el derecho de Irán a desarrollar energía nuclear con fines civiles.
Además de las sanciones, la AP recoge acusaciones regionales en medio del clima de tensión. Kuwait acusó el martes a Irán de enviar un equipo armado de la Guardia Revolucionaria para lanzar un ataque fallido a principios de este mes contra una isla kuwaití que alberga un proyecto portuario financiado por China. Irán no reconoció la acusación, y la AP contextualiza que Kuwait fue atacado por Irán en la guerra y también durante el frágil alto el fuego que aún se mantenía en la región.
Mientras Estados Unidos redobla su llamado a China para reabrir Ormuz, Beijing sostiene públicamente que quiere que termine la guerra y trabaja diplomáticamente para ayudar a Pakistán a impulsar un acuerdo de paz. La AP incluye el comentario de Ahmed Aboudouh, especialista en influencia de China en Oriente Medio del centro de estudios Chatham House, quien señaló que China envió un “sutil mensaje de descontento a Irán” por cerrar Ormuz y también a Estados Unidos por su bloqueo del transporte marítimo iraní, y describió a China como “muy cautos, adversos al riesgo” y poco inclinada a involucrarse en algo que no considere su problema.
En el análisis descrito por la AP, tanto Trump como Xi tendrían razones para evitar que el diferendo por Irán afecte otros aspectos de su relación. Beijing busca protegerse contra un mayor deterioro entre Estados Unidos y China, que añadiría desafíos a su economía. La AP también remite a las tensiones ya vividas recientemente, incluidas amenazas de aranceles y medidas comerciales, como el antecedente de que Trump amenazó con un arancel del 50% a China por reportes de un posible envío iraní de sistemas de defensa antiaérea, antes de retractarse tras decir que recibió una garantía por escrito de Xi de que no se proporcionarían armamento a Teherán.
La AP cita además a Rubio diciendo la semana pasada que no se puede “comprar si no se puede enviar” y que tampoco se puede comprar si la economía se destruye por lo que está haciendo Irán. Aun así, el texto señala que por ahora China ha mostrado poco interés en meterse más en el conflicto y ha parecido reacia a ser vista alineándose con Washington. Kurt Campbell, ex subsecretario de Estado de la administración Biden y presidente de The Asia Group, dijo que “será difícil lograr que los chinos se involucren profundamente bajo cualquier circunstancia”, y agregó que “querrán ser cuidadosos porque pueden ver arenas movedizas políticas igual que cualquiera”.
Las señales que llegan desde ambos lados sugieren que la conversación entre Trump y Xi puede tensarse si el tema de Irán se impone en la cumbre. Pero el gobierno estadounidense, según la AP, parece decidido a evitar que esas diferencias dominen el resto de la agenda, que abarca cuestiones como comercio y cooperación china para bloquear exportaciones de precursores del fentanilo.