En Colombia, el gobierno autorizó un protocolo para aplicar la eutanasia a unos 80 hipopótamos descendientes de los ejemplares que Pablo Escobar introdujo ilegalmente en el país en la década de 1980, según informó la ministra de Ambiente, Irene Vélez. La decisión se anunció en medio de un debate que, de acuerdo con el reporte, lleva años y que genera particular rechazo en la comunidad de Puerto Triunfo, donde se ubica la Hacienda Nápoles que fue de Escobar y donde llegan turistas a ver a los hipopótamos.
Vélez firmó un documento oficial con lineamientos para coordinar el manejo y el control de los animales. En rueda de prensa, explicó que las medidas se implementarían en el segundo semestre del año, cuando ya esté en funciones un nuevo presidente que asumirá el 7 de agosto.
El ministerio sostuvo que la caza se usaría como “una medida de última instancia” y que solo se llevaría a cabo cuando “las alternativas no letales no resulten” viables. En esa misma línea, indicó que en paralelo se continuarán esfuerzos para el traslado de hipopótamos a países que acepten recibirlos para su cuidado en zoológicos y santuarios, un plan que desde 2023 no habría recibido respuestas positivas, de acuerdo con el documento que citó el reporte.
El protocolo aprobado incluye dos modalidades de eutanasia. Para la eutanasia química, el ministerio describió un procedimiento con inyección: quienes vayan a ejecutar el proceso deberán atraer a cada hipopótamo con alimentos hacia un corral, inmovilizar al animal con un dardo y luego aplicar un medicamento que le provocará la muerte.
Para la eutanasia física, el plan contempla el uso de rifles de caza de largo alcance y potencia, con el objetivo de provocar “menor sufrimiento al individuo” dadas las características de la piel de los hipopótamos, descrita como gruesa y difícil de penetrar. El protocolo señala que el proyectil debe apuntarse “directamente a la cabeza del animal”, buscando que penetre el cráneo, y agrega que ese impacto causaría el daño necesario “en la masa cerebral” para insensibilizarlo de inmediato, tras lo cual se produciría “la conmoción irreversible y la muerte”.
El documento también aborda la disposición final de los cadáveres. Indica que preferiblemente se realice un enterramiento con una fosa con una pendiente de hasta cuatro metros de profundidad, y como alternativa contempla la cremación.
Además de la discusión por la eutanasia, el reporte sitúa la decisión dentro de un contexto más amplio de control poblacional en el país. Se informó que Colombia inició decenas de esterilizaciones en 2023, con un costo reportado de cerca de 9.800 dólares por hipopótamo, y que ese procedimiento conlleva riesgos como la muerte o una reacción alérgica a la anestesia. En esa comparación, el ministerio señaló que para la eutanasia hacía falta el protocolo.
Vélez advirtió que, de no tomar medidas, para 2030 Colombia podría tener una población de 500 hipopótamos. Según el reporte, las autoridades temen que el crecimiento de esta especie exótica invasora afecte ecosistemas y especies nativas como el manatí y la tortuga de río, y afirmaron que en Colombia los hipopótamos no tienen un depredador natural y que se han dispersado por el río Magdalena en estado salvaje.
La ministra también informó que el plan de control tendrá un presupuesto de hasta 1,7 millones de dólares, y señaló que con los recursos disponibles sería posible aplicar la eutanasia a por lo menos 80 hipopótamos. El reporte recordó que algunas veces los animales han salido del agua y han caminado por calles del pueblo de Puerto Triunfo o por carreteras, mencionando videos difundidos por la comunidad a finales de marzo.
En el debate público, la senadora animalista Andrea Padilla rechazó en la red social X la decisión gubernamental. El reporte señala que lo hizo al considerarla una “matanza de criaturas saludables” y al calificar a esos hipopótamos como “víctimas” de la “negligencia” estatal, al tiempo que pidió que se contemplen otros métodos que no impliquen el sacrificio.
El mensaje de oposición llega también con antecedentes recordados por el reporte, incluyendo el caso de un hipopótamo llamado “Pepe”, que tras escapar de la Hacienda Nápoles fue perseguido en 2009 por francotiradores de una fundación ambiental privada y cazado a tiros, lo que provocó reclamos de ambientalistas.