Kent anunció su salida el martes desde el cargo de director del Centro Nacional de Contraterrorismo, según el reporte de AP, y la vinculó con el desacuerdo sobre los fundamentos con los que el gobierno de Donald Trump justificó los ataques militares contra Irán. En un mensaje en redes sociales, Joe Kent afirmó que Irán “no presentaba una amenaza inminente” para Estados Unidos y sostuvo que “no puedo en buena conciencia” respaldar la guerra. También atribuyó el inicio de la ofensiva a factores externos, escribiendo que la guerra se lanzó por “la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”.

Kent llegó al puesto después de un proceso de confirmación legislativa. AP informó que su designación como jefe del Centro Nacional de Contraterrorismo se produjo el pasado julio, con una votación de 52-44. Como director de una agencia encargada de analizar y detectar amenazas terroristas, su renuncia se presentó como una señal de tensiones internas sobre la lógica para el uso de la fuerza.

El senador Mark Warner, demócrata de Virginia y principal en el Comité de Inteligencia del Senado, se refirió a la salida de Kent en términos que respaldaron el punto central que Kent levantó sobre Irán. Warner dijo que, aunque discrepaba con “muchas” posturas que Kent defendió a lo largo de los años y mencionó preocupaciones sobre politizar la comunidad de inteligencia, “en este punto tiene razón”. En particular, Warner sostuvo que “No había evidencia creíble de una amenaza inminente de Irán que justificara precipitar a Estados Unidos a otra guerra de elección en Oriente Medio”.

La Casa Blanca no respondió a preguntas sobre la renuncia, según el reporte, y tampoco lo hizo un portavoz de la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard. En una conferencia de prensa el martes, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, rechazó las afirmaciones de Kent sobre la falta de amenaza inminente y dijo que había “todos los informes” y que “claramente había una amenaza inminente”. Johnson agregó que consideró que el enfoque se justificaba por la cercanía de Irán al enriquecimiento de capacidad nuclear y por la construcción de misiles a un ritmo que, según su declaración, ningún país de la región podía igualar. También indicó que, de haber esperado, Estados Unidos habría enfrentado “bajas masivas” y daños “dramáticos” en instalaciones y entre miembros del servicio.

La renuncia se produce en un contexto de creciente preocupación por amenazas dentro del territorio de Estados Unidos, indicó AP. El reporte vinculó el momento con tres actos violentos recientes que elevaron el foco de seguridad: en Nueva York, dos hombres que, según autoridades federales, se inspiraron en el grupo Estado Islámico llevaron bombas caseras a una protesta de extrema derecha fuera de la mansión del alcalde; en Michigan, un hombre embistió con su vehículo una sinagoga antes de ser abatido por seguridad y suicidarse; y en Virginia, un hombre previamente encarcelado por una condena por terrorismo gritó “Alá akbar” antes de abrir fuego en un aula universitaria, ataque que terminó cuando fue abatido por estudiantes.

AP también informó que Gabbard, el director de la CIA John Ratcliffe y el director del FBI Kash Patel están previstos a testificar ante legisladores a finales de esta semana en una audiencia anual. De acuerdo con el reporte, este año la sesión probablemente se centrará en preguntas sobre la guerra en Irán y, en particular, sobre la revelación de que inteligencia desactualizada habría llevado a Estados Unidos a lanzar un misil que impactó en una escuela primaria en Irán y mató a más de 165 personas.

Kent deja el gobierno de Trump en un momento en que la política interna estadounidense ya había estado marcada por críticas y apoyos en torno a su perfil. AP describió que su trayectoria como figura de seguridad nacional entre partidarios de Trump incluyó campañas fallidas al Congreso, servicio militar y experiencia previa en inteligencia. El reporte detalló además la controversia política que acompañó su candidatura y confirmación, con cuestionamientos de demócratas sobre vínculos con figuras de extrema derecha y teorías de conspiración, y con defensas de republicanos que subrayaron credenciales militares e inteligencia.