Irán y Estados Unidos se retiraron de Ginebra sin un acuerdo tras horas de negociaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní, mientras crecen los temores de una nueva escalada militar en Oriente Medio. La sesión, mediada por Omán, se extendió durante el jueves y se interrumpió tras unas tres horas de conversaciones antes de reanudarse más tarde, según la cobertura de la agencia.
Badr al-Busaidi, ministro de Exteriores de Omán, indicó que hubo “avances significativos en la negociación”, aunque no dio detalles sobre qué puntos quedaron encarrilados. Justo antes de que terminara el día de conversaciones, la televisión estatal iraní informó que Teherán reafirmó su decisión de continuar enriqueciendo uranio, rechazó propuestas para transferirlo al extranjero y buscó el levantamiento de sanciones internacionales.
El resultado dejó expuestas las diferencias centrales que han guiado el intercambio: el presidente estadounidense Donald Trump quiere un acuerdo que limite el programa nuclear iraní, mientras que Irán sostiene que tiene derecho a enriquecer uranio con fines pacíficos y que no desea discutir otros asuntos como su programa de misiles de largo alcance o su apoyo a grupos armados regionales como Hamás y Hezbollah. La Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios.
Al -Busaidi también señaló que la semana siguiente se celebrarán conversaciones a nivel técnico en Viena, sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). En la práctica, el organismo de control nuclear de Naciones Unidas sería “probablemente crucial” para cualquier acuerdo, en un proceso que el canal estatal iraní describió como de “rondas de negociaciones más intensas y largas”, sin aportar detalles adicionales. El ministro iraní de Exteriores indicó, además, que “lo que debe suceder ha sido claramente expuesto de nuestra parte”.
En entrevistas previas, funcionarios iraníes también han subrayado el riesgo de una guerra regional si las conversaciones fracasan. Abbas Araghchi, en una entrevista grabada con India Today el miércoles antes de volar a Ginebra, advirtió que “No habría victoria para nadie. Sería una guerra devastadora”. Señaló además que, como las bases estadounidenses están dispersas por distintos lugares de la región, “quizás toda la región podría verse involucrada y afectada”, calificándolo como “un escenario muy terrible”.
En la delegación estadounidense, Steve Witkoff —enviado especial para Oriente Medio y amigo de Trump— encabezó la representación de Washington, junto con Jared Kushner. La negociación se describió como la tercera ronda en el contexto de la guerra de junio, cuando Israel inició una ofensiva de 12 días contra Irán y Estados Unidos ejecutó ataques contra sitios nucleares, dejando gran parte del programa nuclear iraní en ruinas, aunque el alcance total de los daños seguía sin estar claro.
Mientras tanto, el diálogo ocurre en un ambiente de señalamientos y verificación disputada. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo a reporteros el miércoles que Irán “siempre está tratando de reconstruir elementos” de su programa nuclear, y aseguró que Teherán no enriquece uranio “pero están tratando de llegar al punto en el que, en última instancia, puedan hacerlo”. Irán sostiene que no ha enriquecido uranio desde junio y, según el reporte, ha impedido que inspectores del OIEA visiten sitios que Estados Unidos bombardeó.
La preocupación occidental también se apoya en el análisis de imágenes satelitales: fotografías analizadas por The Associated Press indicaron actividad en dos emplazamientos, lo que sugiere que Irán evalúa y posiblemente recupera material allí. Occidente y el OIEA dicen que Irán tuvo un programa de armas nucleares hasta 2003, y tras el retiro de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015, Irán incrementó el enriquecimiento hasta una pureza del 60%, “a un paso técnico corto” de niveles de grado armamentístico del 90%, de acuerdo con el reporte.
De fondo, el posible uso de la fuerza también está en la agenda regional. El reporte señala que, si las conversaciones fracasan, persiste la incertidumbre sobre cuándo podría ocurrir un ataque y cuáles serían los objetivos. Si el propósito fuera presionar a Irán para concesiones, no está claro si ataques limitados funcionarían; y si el objetivo fuera destituir a los líderes iraníes, probablemente se requeriría una campaña militar más grande y prolongada, sin señales públicas sobre el “después”.
Además, se menciona que cualquier acción podría llevar a represalias contra aliados de la Casa Blanca en el golfo Pérsico o contra Israel, con el mercado del petróleo reflejando parte de esa tensión. El crudo Brent, reporta el texto, se ubica “en torno a los 70 dólares por barril”, y en la última ronda Irán dijo que detuvo brevemente el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, por el que pasa una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo.
El reporte añade que imágenes satelitales tomadas el martes y el miércoles por Planet Labs PBC y analizadas por AP parecían mostrar que buques estadounidenses que normalmente atracan en Bahrein estaban en el mar. La Quinta Flota remitió preguntas al Comando Central estadounidense, que declinó hacer comentarios. Antes del ataque de Irán a una base estadounidense en Qatar durante la guerra de junio, la Quinta Flota también dispersó sus barcos en el mar para protegerse de un posible ataque.