Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países de la Unión Europea llegaron el jueves a un acuerdo en términos generales sobre un plan para reestructurar la economía del bloque con el objetivo de mejorar su competitividad, en un contexto descrito por los dirigentes como de presiones simultáneas de Estados Unidos, China y amenazas híbridas atribuidas a Rusia. La reunión se celebró en el castillo belga de Alden Biesen y terminó con un respaldo político inicial para un “plan de acción” con un calendario “estricto”, según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Von der Leyen dijo que “la presión y el sentido de urgencia son enormes” y que esa urgencia puede traducirse en cambios rápidos. “La presión y el sentido de urgencia son enormes, y eso puede mover montañas”, afirmó durante el encuentro. Según la Comisión, el plan será presentado formalmente en marzo, y el calendario diseñado para las reformas se planteó desde el inicio como un componente clave del acuerdo.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, calificó el resultado como un “verdadero punto de inflexión”, y lo vinculó a la idea de que la UE integrará y simplificará aún más los sistemas financieros del bloque. La Comisión describió que el paquete incluiría medidas para coordinar la modernización de las redes energéticas del bloque, profundizar la integración financiera y flexibilizar las regulaciones sobre fusiones, con el fin de permitir que las empresas europeas crezcan y compitan mejor a nivel global.
En paralelo, la reunión dejó ver diferencias políticas sobre el rumbo de la UE. Friedrich Merz, junto con Giorgia Meloni, encabezó un ala del bloque que impulsa desregulación, un “reinicio” de la relación con Washington y acuerdos comerciales, citando en particular el tipo de acuerdo logrado recientemente con el bloque sudamericano del Mercosur. Meloni dijo: “No hay tiempo que perder”. En esa misma línea, Merz expresó que la UE debía actuar para tener competitividad industrial: “Queremos hacer que esta Unión Europea sea más rápida, queremos mejorarla y, sobre todo, queremos garantizar que tengamos una industria competitiva en Europa”.
Macron, en cambio, empujó una visión de “autonomía estratégica”, que él asocia con una UE menos dependiente de Washington. Al llegar, indicó que hacía un llamado a sus socios para proteger sectores en riesgo, y mencionó áreas como “las tecnologías limpias, los productos químicos, el acero, la industria automotriz y la defensa”. También criticó la presión competitiva descrita como intensa desde China y mencionó aranceles impuestos por Estados Unidos, junto con amenazas de prácticas coercitivas.
La disputa sobre la dirección económica también se reflejó en cómo se debería aplicar la política industrial y de compras. Macron sostuvo que, para países de la UE que buscan incrementar el gasto militar frente a la agresión rusa en Ucrania, la UE debería comprar exclusivamente a productores europeos. Merz y Meloni discreparon: dijeron que las compras deberían realizarse tanto a firmas extranjeras como europeas. Esa diferencia, en una etapa temprana del plan, mostró cómo la agenda de competitividad se entrelaza con cuestiones de seguridad y de dependencia tecnológica.
Además de la agenda industrial, los líderes debatieron instrumentos financieros para proteger al bloque en un entorno comercial descrito como sacudido por los aranceles de Trump y por restricciones de China a las exportaciones de minerales críticos. Dentro de ese debate, Macron renovó su pedido para que la UE pueda endeudarse, describiéndolo como “eurobonos para el futuro” y vinculándolo a la posibilidad de desafiar la hegemonía del dólar. Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, dijo que la UE se enfrenta a demasiadas barreras que impiden mover dinero y capital de un país a otro y demasiados obstáculos para la simplificación.
Los ex responsables y figuras europeas citadas por AP también influyeron en el marco de discusión. Se indicó que Mario Draghi y Enrico Letta llamaron a los líderes reunidos a reestructurar e integrar drásticamente la economía del bloque, en línea con el enfoque de estímulo económico planteado por Draghi, que en 2024 incluía recortar regulaciones, realizar inversiones en infraestructura y establecer vínculos comerciales con más países. En esa conversación de “menos barreras” y más coordinación, la presidenta de la Comisión dijo que el plan está diseñado para traducirse en resultados antes de que el margen político se reduzca.
Con el telón de fondo de amenazas militares, presiones económicas e inestabilidad climática, AP también citó una encuesta oficial de la UE, el Eurobarómetro, que describe aspiraciones ciudadanas hacia una UE más fuerte y un liderazgo más unificado. Alberto Alemanno, profesor de derecho de la UE en la escuela de negocios HEC Paris, señaló que “nunca ha habido un mejor momento” para que los líderes europeos aprovechen la demanda de los ciudadanos europeos por más acción europea.