El aniversario de la guerra entre México y Estados Unidos volvió a tensar el debate político en ambos países después de que la Casa Blanca difundiera un comunicado que, según historiadores y analistas, reescribe el conflicto para justificar la política exterior del gobierno de Donald Trump hacia América Latina.
El texto emitido el lunes describió el conflicto como una “legendaria victoria que aseguró el suroeste estadounidense, reafirmó la soberanía estadounidense y expandió la promesa de independencia estadounidense a lo largo de nuestro majestuoso continente”. El comunicado no estaba firmado y, en el mismo, la Casa Blanca comparó ese periodo de la historia de Estados Unidos con políticas “cada vez más agresivas” de su propio gobierno hacia la región, señalando que, según su formulación, “garantizarían que el Hemisferio siga siendo seguro”.
En el comunicado, la Casa Blanca dijo que “Guiado por nuestra victoria en los campos de México hace 178 años, no he escatimado esfuerzos para defender nuestra frontera sur contra la invasión, mantener el estado de derecho y proteger nuestra patria de las fuerzas del mal, la violencia y la destrucción”. Aunque el gobierno vinculó ese pasado con acciones actuales, el relato omitió, según los críticos, el papel de la esclavitud en la guerra y presentó de forma favorable el contexto asociado al “Destino Manifiesto”, que derivó en desplazamientos de “cientos de miles” de indígenas estadounidenses de sus tierras.
Las reacciones se propagaron en redes sociales el martes. En una conferencia de prensa matutina, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, al preguntársele sobre el comunicado, se rió antes de responder: “hay que defender la soberanía siempre”. Sheinbaum ha sostenido una relación “delicada” con la Casa Blanca y, de acuerdo con el reporte, en ocasiones anteriores ha respondido a Trump de manera moderada, con tono sarcástico en algunos intercambios, como cuando el mandatario estadounidense cambió el nombre del Golfo de México por “Golfo de Estados Unidos”.
Alexander Aviña, profesor de historia latinoamericana en la Universidad Estatal de Arizona, dijo que el comunicado “minimiza la enorme cantidad de violencia que se requirió para expandir” el territorio de Estados Unidos hasta la costa del Pacífico. Aviña también sostuvo que el gobierno de Trump se ha involucrado en asuntos de Latinoamérica de una forma que, afirmó, no se veía en décadas, citando entre otros elementos el señalamiento de que ha capturado al presidente de Venezuela, interferido en procesos electorales y amenazado a México y otras naciones con posibles acciones militares.
Aviña agregó que, en su lectura, el comunicado enmarcaría el episodio como una medida defensiva para evitar una invasión de México. También criticó el planteamiento de fondo del texto al señalar que el documento serviría para afirmar retóricamente que Estados Unidos tiene justificación para ejecutar una política de “Estados Unidos Primero” en todo el continente, “independientemente de la precisión histórica”.
El reporte ubica el punto de fricción en el trasfondo histórico del conflicto: la guerra entre México y Estados Unidos (1846–1848) se desencadenó por disputas fronterizas previas y por la anexión de Texas por parte de Estados Unidos en 1845. En los años anteriores, agrega el reporte, estadounidenses se habían trasladado gradualmente al territorio mexicano de la época, mientras que México había prohibido la esclavitud y abolicionistas estadounidenses temían que la apropiación de tierras por parte de Estados Unidos respondiera en parte a la intención de sumar estados esclavistas.
Tras el estallido de los combates y las victorias de Estados Unidos, México cedió más de un millón 360.000 kilómetros cuadrados (525.000 millas cuadradas) de territorio, que incluyó zonas que hoy forman parte de Arizona, California, el oeste de Colorado, Nevada, Nuevo México, Texas y Utah. El reporte también recuerda que el expresidente Ulysses S. Grant escribió más tarde que el conflicto con México fue “uno de los más injustos jamás librados por una nación más fuerte contra una más débil”.
Alexander Aviña y otros críticos situaron el comunicado dentro de una estrategia más amplia de influencia sobre cómo se narra el pasado estadounidense. Albert Camarillo, profesor de historia en la Universidad de Stanford, describió el comunicado como una “versión distorsionada, ahistórica e imperialista” de la guerra. En su evaluación, el comunicado se ajusta a acciones más amplias del gobierno de Trump para moldear el lenguaje del gobierno federal.
El reporte sostiene que en un episodio institucional el gobierno de Trump ordenó que se reescribiera la historia en una exhibición del Instituto Smithsonian, al señalar que se trataba de “restaurar la verdad y la cordura a la historia estadounidense”. También se afirma que el gobierno eliminó de sitios web gubernamentales historia, registros legales y datos que considera desagradables, y que Trump ordenó eliminar cualquier señal que “desacredite inapropiadamente a los estadounidenses del pasado o del presente”, incluyendo referencias a la esclavitud, la destrucción de culturas indígenas estadounidenses y el cambio climático.
Camarillo subrayó: “Este comunicado va en línea con muchos otros que intentan blanquear y replantear la historia de Estados Unidos y borrar generaciones de estudios históricos”. En el trasfondo, el reporte indica que la guerra sigue siendo un punto de fricción histórico entre los dos países, en particular cuando Sheinbaum recuerda a Trump que México es una nación soberana cada vez que el mandatario habla de tomar acciones militares contra los cárteles mexicanos y presiona al gobierno mexicano para que se doblegue a su voluntad.